Ahora, lo hacía per se, porque le fascinaba el sonido de una tecla hundiéndose, le encantaba colgar una imagen con cualquier pretexto, le gustaba exteriorizar lo que iba dentro...aún si no sería leído, porque le tranquilizaba saber que todo se resumía a un secreto entre ella y tú, porque le divertía pensar que ni siquiera ella seguía sus propias reglas, porque le encantaba tener un repertorio vacío, porque se olvidaba de lo que estaba pasando por los minutos (horas) que duraba el proceso, porque necesitaba un oidor (y no conocer su identidad), porque le atraía la falta de espacio/tiempo, porque la seducía la idea de un "después".
Pero también sabía, que para que haya un después, tiene que haber necesariamente un ahora.
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