jueves, 5 de marzo de 2009

Lux fortitûdinis

Hola

Estás ahí? Me escuchas? Quiero pensar que sí; quiero pensar que me escuchas, y que me estuviste escuchando todo este tiempo. Que no solo escuchaste mis palabras, sino también eso que callé. Eso que no te dije por miedo (a qué?). No pienses que te atribuyo poderes divinos que no te mereces, porque me hicieron creer que sí los tenías…o eso fue lo que preferí pensar yo, no estoy muy segura.

Ahora sí, dime…fueron mis palabras escuchadas? O lo que es más importante: fueron mis preguntas respondidas? No es ningún reproche, no te confundas (aunque claro, tú nunca te confundes): solo son palabras en calidad de pregunta. Porque siempre me pregunté, incluso hoy lo hago, si es que alguna vez me respondiste. Es decir, si alguna vez TÚ me respondiste, o era mi propia voz respondiendo(me) lo que se supone que tu deberías responder, lo que quería escuchar como respuesta? Me sentiría como una estúpida si fuera lo segundo, así que hazme saber que no me equivoco creyendo lo primero.

Va hasta ahora bien esto, no? Me parece curioso cómo es que nunca tuve una conversación contigo, siempre fueron monólogos míos; y cuando era más chica sí recuerdo algunas conversaciones…aunque pensándolo bien: era un monólogo a dos voces, o conversación a una sola voz, llámalo como prefieras.

Sería más fácil hacer esto en un café, o sea…la conversación contigo: tendríamos una conversación por primera vez en mi vida. Pero supongo que no te gusta el café así que me limitaré a esta carta sin esperanza de ser respondida. Dije que sería más fácil, pero lo sigo pensando…verte a la cara y decir todo esto no sería más fácil. Probablemente me quedaría callada, así que éste es el mejor medio, creo. La pensaste bien en eso de no tocar el timbre de mi casa inesperadamente para decir “Ya llegué”. No habría sabido actuar. Gracias por eso.

También quería pedirte disculpas. Supongo que ya te imaginas por qué. Perdón por desaparecerme así, por hacer que te evapores de mi vida; aunque supongo que nunca lo hiciste. Siempre te quedaste merodeando por ahí, para saber en qué andaba, cómo estaba, y a dónde iba…aún si ya lo sabías, me imagino que solo para corroborarlo. Gracias por eso también.

Y nada…empecé escribiendo esta carta solo porque me dieron ganas de escribirte. Sí, así porque sí. Parece que terminó resultando en una especie de agradecimiento. Y sí, gracias por todo. Ah! Me olvidaba…me harías un favor? Quédate siempre merodeando por aquí: se te necesita bastante.

Saludos a todos por allá

No hay comentarios: